Seminci – 58 Festival de cine de Valladolid
Entrevista con Nicolas Philibert
- 21 de octubre, año 2013
Tras títulos como Ser y tener o Le Pays des sourds, Nicolas Philibert nos trae una nueva muestra de su cine más personal con La Maison de la radio, 24 horas en la redacción de una estación radiofónica en la que el director no interviene, no se implica: tan solo registra la realidad que desfila ante su cámara.
Debe ser complicado maridar el mundo de la radio, eminentemente sonoro, con el cine, arte de fuerte componente visual…
Está claro que una película acerca de la radio resulta un empeño un poco ilógico, antinatural… además de arriesgado. ¿Cómo es posible filmar la radio sin romper su misterio? Pero precisamente esta paradoja fue uno de los motivos por los que me decidí a rodar esta cinta. Cuando empecé a hacerlo, me di cuenta de que todas esas voces que solemos oír por la radio, conocidas y desconocidas, no eran tan abstractas e impersonales como parecían. De repente se habían vuelto de carne y hueso. El propio medio radiofónico no es visual, pero cuando se está entre bastidores, en medio del torbellino y entre todas aquellas personas profundamente involucradas en su trabajo, hay muchísimas cosas que ver.
¿Cuál es la situación de la radio en Francia, en comparación con otros medios como internet o la televisión?
La radio sigue siendo un medio fuerte, mientras que la televisión está en decadencia. Los jóvenes sobre todo son los que ven menos televisión, prefieren acudir a internet. La radio es un medio antiguo, pero no ha dejado de evolucionar. Por eso le afecta menos el desarrollo de los nuevos medios… En cierta forma, se beneficia de dicho desarrollo.
La Maison de la radio sigue las constantes de un estilo muy personal.
Esta película no es un documental a la usanza tradicional. Me refiero a que no es una película «acerca » de algo, que adopte un punto de vista didáctico y recurra al comentario, la explicación… Naturalmente, estamos en Radio France, un gran centro de frenética actividad, y observamos a todos aquellos profesionales trabajando, pero mi objetivo no fue describir con meticulosidad una institución y su funcionamiento interno. Se podría decir que el sonido, las voces y el acto de escuchar la radio constituyen la propia materia de la película. Por eso su montaje ha sido como componer una partitura musical: una nota llama a la siguiente, esta a una tercera y así sucesivamente.
La película conecta con sus trabajos previos en espíritu, en especial con Le Pays des sourds …
El tema del sonido es un aspecto crucial en mi obra. A mi manera soy un cineasta del lenguaje. Desde mi primera película, La voix de son maître (La Voz de su amo), que reflejaba las opiniones de grandes magnates, hasta Nénette, cuya banda sonora consta exclusivamente de voces en off, pasando por Le Pays des sourds (El País de los sordos), La Moindre des choses (Lo de menos) o Ser y tener, se puede ver que la mayoría de mis largometrajes son variaciones sobre el tema del habla y el lenguaje. En cuanto a esta película, no tardé en darme cuenta de que un buen programa de radio no garantizaba necesariamente una buena secuencia. Lo que me interesaba en primer lugar eran la gramática y la mecánica de la radio. De ahí que optara por criterios aparentemente más triviales, aunque cinematográficos: rostros, miradas, la fluidez o la dificultad de ciertas palabras, el tono y la sensualidad de una voz, la gestualidad de un presentador, la atmósfera del estudio.. En definitiva, muchas veces me fijé más en la «presencia» de las distintas personas que aparecen que en lo que decían.
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